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Festivales: Crítica de “Une familie”, película de Christine Angot (Competencia Encounters) – #Berlinale2024

Por Violeta Kovacsics, desde Berlín

calificacion

Publicada el 18-02-2024

La ópera prima de la reconocida novelista, dramaturga y periodista francesa tuvo su estreno mundial en la segunda competencia oficial del festival alemán.

Une famille / A Family (Francia/2024). Guion y dirección: Christine Angot. Fotografía: Caroline Champetier, Inês Tagarin y Hugo Martin. Edición:  Pauline Gaillard. Duración: 82minutos. En la competencia Encounters.

En los años ’50, Rachel Scwartz, una trabajadora de clase modesta, conoció a Pierre, un hombre culto y burgués. Ella se fascinó de él, que a su vez se mostraba cáustico con ella. Pronto, ella se quedó embarazada. Él, entonces, se fue. Con el padre ausente, la hija, Christine, creció junto a su madre, pero cuando la niña cumplió 13 años, él regresó a sus vidas, casado con otra mujer y con otros hijos. Rachel, todavía fascinada por aquel hombre, quería que padre e hija pudieran relacionarse y que éste la reconociera como suya. Finalmente, lo hizo: le dio a Christine su apellido, Angot, pero entonces también les infligió la más perversa de las violencias. Fue un caso de violencia vicaria: Pierre Angot violó sistemáticamente a Christine, y así destruyó no solo a la chica, sino también a la madre.

Christine Angot ha hecho de aquel suceso real el núcleo de su obra literaria, primero en L’inceste, publicada en 1999, y después en una trilogía que aborda lo que pasó a través del punto de vista de la hija, del padre y de la madre. En Una semana de vacaciones, el primer volumen de la trilogía, la violencia es extrema. No solo por los actos que en ella se detallan (sí, se detallan), sino por una escritura directa, que emerge de las vísceras de lo íntimo.

¿Cómo revelar, en una película lo visceral? ¿Cómo mirar hacia una herida propia? En Une famille, la primera película de Angot, la escritora intenta resolver algunas de estas cuestiones. Compone el retrato de una familia que gira alrededor de aquel trauma fundacional. Así, acompañada de un equipo de grabación, la directora y protagonista va hablando con cada uno de los miembros que o bien silenciaron aquel hecho atroz o bien la acompañaron en su dolor: la exmujer de su padre, su primer marido Claude, su madre Rachel, su pareja Charly y finalmente su hija. Precisamente a esta última la vamos viendo a lo largo de la película, en cintas domésticas grabadas a comienzos de los noventa. Esas imágenes cotidianas de Christine, Claude y la hija de ambos son el espacio de la intimidad familiar. Sobre ellas planea la inocencia de la infancia, y a la vez la sombra del abuso pasado.

El primer encuentro de Angot con uno de sus familiares desprende la violencia intrínseca a sus libros. De visita en Estrasburgo, Christine se presenta en la casa de la exmujer de su padre, acompañada con el equipo de filmación que está grabando el documental con ella. Ante la negativa de la mujer a dejarlos entrar, Christine impone su presencia y la de la cámara. Hacia el final de la película, Angot descubre que la exmujer de Pierre la ha denunciado por penetrar violentamente en su casa. ¿Dónde están los límites de la privacidad de los otros cuando la intimidad propia ha sido violada? Esta es otra pregunta sobre la que la cineasta y escritora indaga. Escribía ayer en relación a Hors du temps, de Olivier Assayas, sobre la línea ética de lo púdico. La literatura de Angot empuja esa línea, pero siempre a partir de la denuncia de la violencia sufrida, de la necesidad de romper el caparazón del silencio cómplice y de una concepción de la experiencia propia como manera de entender otras violencias sexuales.

Angot ha contado en Une famille con la colaboración entre otras de Caroline Champetier, la directora de fotografía habitual de Léos Carax. Presentada en la sección Encounters (la que quizá defina mejor el proyecto del equipo dirigido por Carlo Chatrian), Une famille propone ampliar el espectro de lo cinematográfico y observar qué sucede cuando el cine se entremezcla, por ejemplo, con la literatura de autoficción. Angot es una figura célebre en Francia, donde hace años su obra se recibió con suspicacia. La película retrata también esto: cómo tanto desde los círculos más cercanos hasta la opinión pública se dudó del carácter verdadero de su una obra que se presenta como novela, pero que se sustenta por igual sobre un sentido verdadero.

Hace unos años, Catherine Corsini llevó a la pantalla, con la colaboración de Angot, la segunda novela de la trilogía autoficcional de la escritora, en la que predominaba el punto de vista de la madre. La película, protagonizada por Virginie Efira y titulada Un amor imposible, se enfrentaba a un reto tanto narrativo como de representación: sobre qué sucede con las fricciones propias de la autoficción cuando la autora es otra y no quien vivió lo narrado (Corsini en vez de Angot, o Audrey Diwan en vez de Annie Ernaux en El acontecimiento). Un amor imposible era un drama excesivamente convencional frente a la rabiosa rebelión, vital y literaria, de las novelas de Angot. Une famille, en cambio, lleva el ejercicio autoficcional a otro lugar, al del documental íntimo y en primera persona.


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