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Festivales: Crítica de “Hors du temps” (“Suspended Time”), película de Olivier Assayas con Vincent Macaigne (Competencia Oficial) – #Berlinale2024

Por Violeta Kovacsics, desde Berlín

calificacion

Publicada el 17-02-2024

El el director francés de Los destinos sentimentales, Demonlover, Clean, Boarding Gate, Carlos, El otro lado del éxito, Las horas del verano, Personal Shopper y Doubles vies filmó una historia de confinamiento en plena pandemia de COVID en un valioso intento por retratar estos tiempos de crisis y profundos cambios en la sociedad contemporánea.

Hors du temps / Suspended Time (Francia/2024) Guion y dirección: Olivier Assayas. Elenco: Vincent Macaigne, Micha Lescot, Nine D’Urso, Nora Hamzawi, Maud Wyler, Dominique Reymond y Magdalena Lafont. Fotografía: Eric Gautier. Edición y diseño de sonido: Marion Monnier. Duración: 105 minutos. En Competencia Oficial.

En la serie Irma Vep, Olivier Assayas recuperaba el universo de la película que él mismo había realizado en los años ’90. Aquel proyecto para HBO abría puertas hasta entonces poco exploradas en su cine. De repente, un director sumamente intelectual, que había hecho de su obra una suerte de ensayo de nuestros tiempos, se abría hacia lo confesional. Lo hacía a través de un alter ego interpretado por Vincent Macaigne, paradigma del hombre neurótico y simpaticón. El cineasta mostraba sus inseguridades en una película poblada de fantasmas, particularmente el de un amor pasado, Maggie Cheung, primera esposa de Assayas. Aquel gesto íntimo iba acompañado de una profusa riqueza narrativa y visual, que permitía al realizador transitar del yo a la creación cinematográfica como proceso colaborativo, colindante con el mundo de los espectros.

En Hors du temps, Vincent Macaigne es Paul, de nuevo, un cineasta con grandes parecidos al propio Assayas. La neurosis se acentúa: estamos en pleno confinamiento durante la crisis del COVID y Paul se ha refugiado en una casa familiar en medio del campo, con su novia, su hermano y la pareja de este. Cada uno de ellos, y especialmente los dos hermanos, viven el confinamiento de maneras diametralmente opuestas: mientras Paul parece disfrutar de la reclusión, Etienne se rebela a la rigidez de las normas impuestas.

La textura digital, la sencillez y el contexto doméstico de Hors du temps hace que por momentos más que una película sobre el confinamiento parezca una película durante el confinamiento. Quizá este tono aparentemente precario le confiera al film cierta torpeza. Los momentos más bellos son aquellos en los que Assayas es más cineasta, cuando se aproxima al recuerdo y a la nostalgia a partir de la poética de las imágenes. Cuando se despoja del disfraz del alter ego y se muestra a sí mismo mediante una voz en off que va narrando sus recuerdos en primera persona (el devenir de su familia y las estancias del lugar familiar, la de su madre, la de su hija), la imagen se vuelve en blanco y negro, y la narración se pausa. Se abre un paréntesis respecto al relato que estamos viendo. Se ponen en escena los lugares de su infancia, en planos tan estáticos e inhabitados que parecen fotografías (pero no lo son). La imagen flirtea de nuevo con lo fantasmático, incluso cuando se insertan cuadros, retratos o portadas de libros, objetos de una cultura que por momentos parece de un tiempo pasado.

Assayas ha hecho un recorrido hacia la exploración de lo autobiográfico y lo íntimo. Siempre pensé que Después de mayo, la película que hizo sobre su primer amor en los tiempos posteriores al mayo del ’68, se podía entender como una correspondencia con Un amour de jeunesse, en la que Mia Hansen-Løve hacía lo propio: ficcionar su primer enamoramiento. Era una hermosa epístola amorosa entre dos cineastas. Por entonces, los dos estaban casados. La pareja se separó hace unos años, y aquella experiencia resuena de fondo en Una linda mañana, la última película de Hansen-Løve.

En Hors du temps, Assayas describe a la exmujer de Paul evidenciando que el personaje se basa en Hansen-Løve. El retrato es sin duda injusto. No se trata tanto de cómo relata los hechos (un bebé pequeño que se vive como una carga, una casa construida en las afueras de París pese a los problemas económicos), sino del gesto, del tono de un personaje que transpira amargura. Mientras la mirada hacia su personaje y hacia los suyos (la novia, el hermano) está marcada por un dejo juguetón según el cual incluso el ridículo es algo cómico y entrañable, en el retrato de la exmujer hay algo de rencor. Assayas se ha adentrado en el terreno de un cine del yo, pero aquí parece hacer funambulismo, no siempre con éxito, sobre la línea que separa el pudor de lo impúdico. Da la impresión de que aquí a Assayas le interesa más el juego meta que la intimidad que ofrece el cine del yo.

Assayas es un cineasta que se interroga constantemente sobre nuestros tiempos. En Hors du temps, retoma algunas de las maneras de Dobles vidas / Doubles vies, la película con la que iniciaba su ciclo de obras con Macaigne. En ambas, reflexiona sobre el tiempo presente de manera más epidérmica que sugerente. Es decir: mientras en Personal Shopper (para mí, una de las mejores películas sobre la virtualidad que se han hecho jamás) la reflexión sobre el presente se desprende de sus imágenes, en Hors du temps, como en Dobles vidas, la reflexión está en su superficie.

Los personajes de Hors du temps y de Dobles vidas se debaten sobre un tiempo presente en el que se sienten incómodos, que no saben cómo habitar. En Hors du temps, discuten sobre el impacto de Amazon en los negocios locales, toman cursos de baile en línea, consultan constantemente Google para probar recetas o ven vídeos de YouTube para aprender a lavarse bien las manos para evitar cualquier contagio. Assayas, quizá uno de los cineastas que mejor ha abordado la crisis derivada de la irrupción y el auge de la tecnología digital, elabora ese mismo proceso de transición a partir de otra crisis, la del COVID, que, según lo que se desprende en Hors du temps, acelera precisamente ese proceso de cambio tecnológico. Lo hace sin embargo buscando el matiz; por ejemplo, cuando Paul le dice a su psicoanalista que quizás están viviendo una utopía y que precisamente como toda utopía ese tiempo debe terminar; sin embargo, él mismo se corrige: la inmovilidad del confinamiento, dice, no puede ser otra cosa que un vacío.

Es evidente que Assayas ha detectado una crisis, y está intentando pensarla, está tratando de poner luz en este momento de cambio. Le saldrá mejor o peor (seguramente, esto último sea el caso de Hors du temps), pero hay algo estimulante en ver al autor esforzarse para pensar nuestro presente. Assayas, un autor sumamente contemporáneo, se lanza a una forma fundamental para las narrativas actuales, que giran como trompos en torno al yo. La filósofa Marina Garcés decía que “vivimos una inflación del yo alimentada por el hecho de no saber cómo pensar el mundo”. Assayas ha hecho suya esta máxima, mirándose a él mismo disfrazado de Vincent Macaigne para intentar comprender el momento en el que vive.


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