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Festivales: Crítica de “Comme le feu” (“Who by Fire”), película del canadiense Philippe Lesage (sección Generation 14plus) – #Berlinale2024

El director de Ce cœur qui bat / The Heart That Beats (2010), Laylou (2012), Les démons / The Demons (2015), Copenhague a Love Story (2016) y Genèse / Genesis (2018) construye en su nuevo largometraje un bello y sensible retrato sobre el paso de la adolescencia a la adultez

Comme le feu / Who by Fire (Canadá-Francia/2024). Dirección y guion: Philippe Lesage. Con Noah Parker, Aurélia Arandi-Longpré, Antoine Marchand-Gagnon, Arieh Worthalter, Paul Ahmarani, Sophie Desmarais y Laurent Lucas. Fotografía: Balthazar Lab. Edición: Mathieu Bouchard-Malo. Sonido: Maxime Gavaudan. En la sección Generation 14plus.

El título internacional de la coproducción franco-canadiense Comme le feu es Who by Fire. Así se llama también una canción de Leonard Cohen en la que se interroga sobre las mil y un formas que puede adquirir aquello que suele llamarse destino. Un destino forjado, según el autor, por las decisiones propias, pero también las ajenas. De esto, y mucho más, se dará cuenta el joven Max durante unas vacaciones con olor a bisagra en su vida.

El chico es un adolescente que recibe la invitación de su amigo Jeff de acompañarlo a unas vacaciones familiares –que incluyen a su hermana mayor Aliocha, a quien Max no puede sacarle sus ojos inocentes de encima– a una cabaña en medio de un bosque rodeado de ríos y arroyos. El dueño del lugar no es otro que un reputado director de cine con quien el papá de Jeff supo trabajar. Es evidente que son amigos. Tan evidente como que esa amistad es tal debido a un sinfín de temas del pasado en común que están lejos de saldarse.

El realizador canadiense Philippe Lesage se toma unos buenos minutos en una película de ritmo cadencioso, aunque lejos está de ser una de esas historias con tiempos muertos en los que “no pasa nada”, para introducir al espectador en el entorno salvaje, solitario, intimidante y de aparente tiempo suspendido donde la familia pasará los siguientes días. Ocurre con una larga secuencia de la parte final del viaje en auto que la cámara va aproximándose de lo general a lo particular: primero con planos panorámicos, luego con algunos generales y, finalmente, del interior de un vehículo donde mandatan las caras largas ante el tedio de lo que se presume fue un largo recorrido.

El reconocimiento es hostil, aunque el anfitrión aclara que es un chiste. La visible incomodidad del momento es el primer indicio del tono que tendrá la visita. Una visita en la que, cuando dejan de lado los esfuerzos por hacer perdurar la armonía, tendrá brutales discusiones e incluso algunas cosas peores.

Todo esto observa Max con proverbial silencio, como si, vía osmosis, estuviera absorbiendo una de las facetas de la adultez. Porque él está en su propio mundo, orbitando alrededor de la bella Aliocha y de las excursiones al bosque que comparte con algunos de los invitados, además de un incipiente desencanto ante las hipocresías y adulaciones obsecuentes de los adultos.

Sensorial y absorbente como papel secante gracias a la prioridad de los planos fijos que van adquiriendo vida a medida que su interior se complejiza, Comme le feu transmite con tersura, amabilidad, melancolía y casi sin palabras cómo los momentos que pueden cambiar una vida a veces llegan de la forma más simple y sencilla posible.


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