Review Film

Críticas: Críticas de “El santo”, de Juan Agustín Carbonere; y “Como el mar”, de Nicolás Gil Lavedra

Reseñas de dos de las novedades nacionales de la semana.


El santo
 (Argentina/2023). Guion y dirección: Juan Agustín Carbonere. Elenco: Roberto Suárez, Elisa Carricajo, Claudio Da Passano, Benjamín Mateos y José Fogwill. Fotografía: Luciano Badaracco. Música: Agustín Carbonere. Edición: Alejo Santos. Dirección de arte: Celeste Galickas. Sonido: Juan Manuel Molteni. Duración: 86 minutos
. En el Cine Arte Cacodelphia (Av. Roque Saenz Peña 1150), a las 17.10 y 21.30 (del jueves 28/3 al miércoles 3/4). ★★★½

Rubén Sosa (convincente caracterización del uruguayo Roberto Suárez) es una suerte de curandero que en la impactante primera escena salva (¿revive?) aplicando unos masajes ¿mágicos? sobre su pecho a alguien que ha sufrido un terrible accidente automovilístico, mientras a pocos metros el coche se prende fuego. Luego, cada vez más gente lo consultará por infertilidad, asma, psoriasis y decenas de otras dolencias o carencias (falta de trabajo) y él apelará a poco tradicionales técnicas con mangueras, velas y cigarrillos.

Devenido en una suerte de santo popular a-la-Gauchito-Gil, Rubén se convierte también -incluso a su pesar- en una figura mediática, sobre todo cuando aparece en escena un simpático niño (Benjamín Mateos) que ha salvado su vida también de manera milagrosa. Con la presencia de Isabel Herbstein (Elisa Carricajo), la madre del pequeño, y con la ayuda de Oscar (Claudio Da Passano), una especie de mentor, promotor y asistente, el “brujo” genera crecientes fenómenos de fanatismo… para bien y para mal (porque también empieza a percibirse a su alrededor cada vez más tensión, resentimiento y odio).

La película -estrenada en la Competencia Internacional del BAFICI 2023, donde Carbonere ganó el premio a Mejor Dirección entre otra media docena de distinciones- tiene momentos de humor (como cuando Rubén y Oscar discuten sobre los mayores o menores parecidos con la realidad de las estampitas realizadas a partir de su figura), pero en general sostiene un tono entre solemne y ominoso, con un protagonista que se muestra cada vez más despótico, con crecientes arranques de furia y lleno de excesos.

Sin apelar a la ironía, el desprecio ni al cinismo canchero, y evitando la demagogia y el subrayado tranquilizador o moralizador, los cinco episodios en los que está dividida esta ópera prima llena de climas espesos y cada vez más enrarecidos ofrecen una inquietante mirada a los cultos, la medicina no tradicional y el uso (y abuso) de los lugares de privilegio: como sostenía un viejo adagio luego retomado por Marvel para Spider-Man y Superman, “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.

Como el mar (Argentina-Uruguay/2024). Dirección: Nicolás Gil Lavedra. Elenco: Sofía Gala Castiglione, Zoe Hochbaum y Carmen Maura. Guión: Zoe Hochbaum y Gustavo Gersberg. Fotografía: Germán Nocella Sedes. Música: Hernán González Villamil y Nicolás Molla. Distribuidora: Star Distribution (Disney). Duración: 84 minutos. Apta para mayores de 13 años. ★★½

Azul (Zoe Hochbaum, también coguionista de la película) tiene 17 años y siempre ha creído que Paula (Sofía Gala Castiglione), de 34, es su hermana mayor. Cuando muere la madre de ambas, ella empieza a hurgar entre los cajones en busca de plata y descubre una foto que le revela otra verdad: Paula en verdad es su mamá y esa mujer que acaba de fallecer, su abuela. Semejante mentira genera le genera a Azul un profundo shock emocional y le despierta un interés por conocer a su padre. En medio de una volcánica mezcla de furia, resentimiento y culpa, parten rumbo a Cabo Polonio en busca de aquel fugaz amor de juventud de Paula.

Road movie sobre la búsqueda de la identidad y la (re)construcción de los vínculos con elementos propios del cine de aventura (como entrar a Uruguay de polizonas en la caja de carga de un camión), Como el mar se mueve con un relato (demasiado) pulcro y prolijo por terrenos bastante previsibles, con personajes secundarios no del todo aprovechados (como la tía Mecha de la mítica Carmen Maura), atisbos de romances, profusión de atardeceres y -lo peor de la película- una música omnipresente que nos refuerza y subraya en cada plano y con cada acorde lo que “debemos” sentir frente a cada conflicto, como si el director de Verdades verdaderas y Las grietas de Jara no confiara en el poder sugestivo, en el efecto emocional de sus imágenes, de sus diálogos y de las actrices.


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