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Críticas: Crítica de “Shōgun”, serie de Justin Mark con Cosmo Jarvis, Hiroyuki Sanada, Anna Sawai y Tadanobu Asano (Star+ y Disney+)

Los tres primeros episodios -que han batido récords de audiencia en los Estados Unidos- dejan el crédito abierto para lo que ya es una épica histórica que no descuida las cuestiones humanas y políticas.

Shōgun (Canadá, Estados Unidos, Japón/2024). Dirección: Fred Toye, Charlotte Brändström, Jonathan van Tulleken, Takeshi Fukunaga, Hiromi Kamata y Emmanuel Osei-Kuffour. Guion: Shannon Goss, Rachel Kondo, Matt Lambert, Justin Marks, Emily Yoshida, Maegan Houang, Caillin Puente y Nigel Williams. Creadores: Rachel Kondo y Justin Marks. Showrunner: Justin Marks. Elenco: Cosmo Jarvis, Hiroyuki Sanada, Anna Sawai, Tadanobu Asano, Hiroto Kanai, Takehiro Hira, Moeka Hoshi, Tokuma Nishioka, Shinnosuke Abe, Yuki Kura, Yuka Kouri y Fumi Nikaido. Duración: 10 episodios de entre 50 y 70 minutos cada uno. Estrena un episodio por semana en Star+ y Disney+ (los tres primeros ya están disponibles).

Shōgun

logró asomar la cabeza entre la multitud de series, miniseries y películas lanzadas por las plataformas de streaming en los últimos meses. Y vaya si esta producción de diez episodios ambientada en el Japón del siglo XVII se hizo notar, al punto de que se convirtió en el mejor estreno internacional de la compañía Disney gracias a sus 9 millones de visualizaciones en su semana de estreno. En Estados Unidos, incluso, superó a segunda temporada de El Oso como el mejor lanzamiento del canal FX y Hulu.

La adaptación de la novela homónima de James Clavell, que comenzó a desarrollarse en 2018 y requirió un largo trabajo para ser lo más fiel posible a las particularidades de la época, enfrenta el desafío de convertirse en la nueva aventura épica, con partes iguales de rosca política y enfrentamientos armados, que llene el vacío dejado por Game of Thrones. Que pueda o no es algo que el tiempo se encargará de responder, pero Shōgun tiene, según se desprende de sus primeros tres episodios, con qué presentar batalla.

Los shogunes eran líderes militares con un enorme poder en el norte de Japón y, en algunos casos, más influyentes que el propio emperador. Su muerte, ocurrida poco antes del comienzo de la acción de la serie, alteró el muy débil equilibrio entre los cuatro clanes que respondían a él. Dado que el hijo es menor de edad y solo puede asumir el trono siendo mayor, la región atraviesa una acefalía de la que cada integrante del Consejo de Regentes intentará sacar ventaja. Es en ese contexto que encalla en la costa cercana un barco comandado por el inglés John Blackthorne (Cosmo Jarvis), quien termina en manos del clan de Yoshii Toranaga (Hiroyuki Sanada).

No la tendrá fácil ese occidental protestante en un entorno donde el catolicismo está instalado, los usos y costumbres son radicalmente opuestos a los suyos y, desde ya, se habla un idioma del que no conoce ni una palabra. Buena parte de los episodios iniciales orbitan alrededor del choque cultural entre John y Toronaga y una desconfianza que, a medida que el inglés demuestre sus habilidades marítimas y su bravura, mutará por la camaradería y la certeza de que puede ser útil para que el líder consiga imponer su voluntad.

La propuesta de Shōgun es una combinación entre las intrigas palaciegas fruto de las divisiones políticas, el extrañamiento del recién llegado, la posibilidad latente de un romance prohibido con una mujer que oficia como traductora y las escenas de acción. A diferencia de Game of Thrones, Shōgun prioriza los enfrentamientos entre pocos personajes y en espacios cerrados en lugar de los amplios campos de batalla del norte de Europa. Lo que no implica ausencia de vuelo visual: por el contrario, el diseño de producción, la recreación de época y las numerosas escenas en exteriores son los puntos fuertes más evidentes de la primera parte de la serie.

Sin dragones ni aspectos fantásticos a la vista, aunque con varios elementos de la mitología local, Shōgun aspira a afirmarse en un terreno donde la espectacularidad conviva con un desarrollo de corte más realista y alejado de occidentalismos. Si bien no parece probable que aquí muera un protagonista por capítulo, queda pendiente ver cómo la serie se las ingenia para no descuidar el crecimiento dramático de esos personajes a punto de enfrentarse a una serie de encrucijadas que pueden definir el destino suyo y el de sus comunidades. El crédito sigue abierto.



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