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Críticas: Crítica de la serie animada “Scott Pilgrim da el salto” (Netflix)

Tras inspirar a varios videos, especiales de TV y a un largometraje de culto como Scott Pilgrim vs. los ex de la chica de sus sueños (2010), dirigido por Edgar Wright, las seis novelas gráficas de Bryan Lee O’Malley publicadas entre 2004 y 2010 llegaron a Netflix en formato de serie de animé que tiene al propio autor canadiense y a BenDavid Grabinski como showrunners.

Scott Pilgrim da el salto (Scott Pilgrim Takes Off, Estados Unidos-Japón-Canadá/2023). Guionistas y creadores: BenDavid Grabinski y Bryan Lee O’Malley, basado en la novela gráfica del propio Bryan Lee O’Malley. Con las voces de Michael Cera, Mary Elizabeth Winstead, Satya Bhabha, Kieran Culkin, Brie Larson, Anna Kendrick, Jason Schwartzman, Chris Evans, Aubrey Plaza y Alison Pill. Duración: 8 episodios de entre 26 y 28 minutos. Disponible en Netflix.

Scott Pilgrim (la voz de Michael Cera, mismo protagonista del film live-action) tiene 23 años, vive en Toronto en un departamento compartido con su amigo gay Wallace Wells (Kieran Culkin), no tiene trabajo fijo y es bajista de Sex Bob-Omb, una ruidosa banda de garage (muy indie rock). Si bien tiene algo parecido a una novia de 17 años, se enamora a primera vista y de forma perdida de Ramona Flowers (de nuevo Mary Elizabeth Winstead), una atractiva e impulsiva chica neoyorquina que viene de una ruptura amorosa y que se gana la vida… ¡repartiendo DVDs de Netflix! (guiño, guiño).

Y, como ocurría en la historia original, serán los celosos, resentidos y por momentos crueles siete ex novios de ella -desde el indio Matthew Patel (Satya Bhabha) hasta Lucas Lee (Chris Evans), pasando por Gideon Graves (Jason Schwartzman), Todd Ingram (Brandon Routh) y su única pareja femenina Roxy Richter (Mae Whitman)- quienes intentarán impedir que ella alcance la felicidad. Y, tras el malogrado resultado de la primera batalla, el “nuevo” Scott será quien deba combatir esas andanada de confabulaciones, maldades y ataques.

Si aquella hermosa película de Edgar Wright de hace 13 años combinaba la impronta del cine independiente de slackers con la comedia romántica y la fantasía (antecesora de alguna forma de la actual moda del multiverso), Scott Pilgrim da el salto le aporta una estética más propia del animé. De hecho, aunque transcurra en un universo muy occidental, la producción corrió por cuenta de Science Saru, un estudio con sede en Tokio y varios de los principales rubros artísticos estuvieron a cargo de especialistas japoneses.

Entre referencias a Street Fighter II, Kill Bill, Sonic y The Karate Kid, con una estructura bastante más coral que el film (la posibilidad de contar con 8 episodios permite que se le dedique más tiempo a Ramona, a Wallace y a cada personaje secundario como Stacey, la hermana de 19 años del protagonista con voz de Anna Kendrick, la Kim Pine de Alison Pill o la Julie Powers de Aubrey Plaza), Scott Pilgrim da el salto es mucho más que un reciclaje oportunista que repite elenco para apropiarse de una franquicia. Es una obra de arte con vuelo propio que apela a varios de los mejores elementos del animé y de la comedia de acción. Bienvenidos sea, entonces, este resurgimiento.


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