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Críticas: Crítica de “Ghostbusters: Apocalipsis Fantasma” (“Ghostbusters: Frozen Empire”), película de Gil Kenan con Paul Rudd y Carrie Coon

Cuarta entrega (o quinta si se incluye el reboot femenino) de una saga que hace añorar demasiado al film original.

Ghostbusters: Apocalipsis Fantasma (Ghostbusters: Frozen Empire, Estados Unidos/2024). Dirección: Gil Kenan. Guion: Jason Reitman y Gil Kenan. Elenco: Paul Rudd, Carrie Coon, Finn Wolfhard, Mckenna Grace, Kumail Nanjiani, Patton Oswalt, Celeste O’Connor, Logan Kim, Bill Murray, Dan Aykroyd, Ernie Hudson, Annie Potts, William Atherton y James Acaster. Fotografía: Eric Steelberg. Edición: Nathan Orloff y Shane Reid. Música: Dario Marianelli. Distribuidora: UIP (Sony). Duración: 115 minutos. Apta para mayores de 13 años.

En 1984 (hace ¡40! años) se estrenaba Los cazafantasmas, comedia de Ivan Reitman con Bill Murray y Dan Aykroyd que se convirtió en clásico. Reitman murió hace dos años, Murray y Dan Aykroyd regresan otra vez con papeles secundarios junto a otros intérpretes de aquel film como Annie Potts y Ernie Hudson, pero el resto de la franquicia -que hasta ha abandonado a nivel local el término Cazafantasmas– jamás se acercó al nivel de la película original.

Tras la secuela de 1989, también rodada por Reitman, el reboot femenino de 2016 filmado por Paul Feig y la mediocre Ghostbusters: El legado / Ghostbusters: Afterlife (2021), dirigida por Jason Reitman (hijo de Ivan), ahora es el turno de Apocalipsis Fantasma (título que nada tiene que ver con el original Frozen Empire o “Imperio congelado”), que encuentra al también coguionista de estas dos últimas entregas, Gil Kenan, como director. Y el resultado de esta nueva entrega es, otra vez, muy poco estimulante.

Gary (Paul Rudd) y Callie Spengler (Carrie Coon) son ahora pareja y con ellos viven (y trabajarán de cazafantasmas por las calles de Manhattan) los dos hijos de ella: el ya mayor de edad Trevor (Finn Wolfhard) y su hermana quinceañera Phoebe (Mckenna Grace). Lo que el pobre Gary quiere, más allá de cumplir con sus misiones, es dejar de ser un padrastro ausente, lejano, y que los chicos lo quieran como a un verdadero padre.

Las cosas, por supuesto, no funcionan como los Spengler pretenden y el caos que generan en Nueva York hace que hasta el alcalde los tenga en la mira. Se irán sumando personajes a la aventura (desde los citados “históricos” de la saga hasta el Nadeem de Kumail Nanjiani) y todo se convertirá en una acumulación de excusas argumentales, un puñado de gags medianamente inspirados y un enfrentamiento con una criatura propia del cine de terror más sangriento.

Si bien no es una película del todo fallida, hay algo a esta altura exasperante en la obsesión de los productores por seguir exprimiendo una franquicia que claramente ya no da más jugo artístico. En cierto sentido, todos parecen moverse en la pantalla como si estuvieran cumpliendo un trabajo a reglamento (y estamos hablando incluso de Paul Rudd y Carrie Coon, dos de los mejores intérpretes de la actualidad). Lo mismo podría decirse del guion de la dupla Ivan Reitman-Gil Kenan y de la puesta en escena de este último, que descansa sobre todo en una profusión no siempre inspirada de efectos visuales. Más (o menos) de lo mismo. Así, estos 40 años de distancia de aquel magnífico film original parecen aún más lejanos.


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