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Críticas: Crítica de “El teorema de Marguerite”, película de la francesa Anne Novion

Estrenado en la sección Proyecciones Especiales del último Festival de Cannes, este largometraje de Novion está ambientado en el muy particular universo de las matemáticas con una protagonista disfuncional en el mundo real.

El teorema de Marguerite (Le théorème de Marguerite, Francia/2023). Dirección: Anne Novion. Guion: Agnès Feuvre, Marie-Stéphane Imbert, Anna Novion y Mathieu Robin. Elenco: Ella Rumpf, Jean-Pierre Darroussin, Clotilde Courau, Julien Frison, Sonia Bonny, Xiaoxing Cheng, Idir Azougli, Camille de Sablet y Karl Ruben Noel. Fotografía: Jacques Girault. Música: Pascal Bideau. Edición: Anne Souriau. Distribuidora: Zeta Films. Duración: 112 minutos. Apta para mayores de 13 años. Salas (primera semana): 10 (Multiplex Belgrano, Cine Arte Cacodelphia, Lorca, Cinépolis Recoleta, Atlas Patio Bullrich, Showcase Belgrano, Showcase Norte, Showcase Córdoba, Cines del Centro de Rosario y América Santa Fe).

El mundo de las matemáticas está hecho de variables, fórmulas, deducciones y, claro, números, muchos números. Quizás por eso es que a Marguerite le cuesta tanto vincularse con cuestiones terrenales, y para ella un tanto banales, como la amistad, el entretenimiento y el amor. La chica, es cierto, tiene un futuro prometedor que le permite capear los malestares del presente: es una reputada estudiante de la prestigiosa Ecole Normale Supérieure que ha trabajado durante un buen tiempo en la Conjetura de Goldbach, uno de los problemas que permanecen abiertos, es decir, no comprobados mediante fórmulas.

Y así seguirá, porque durante la exposición de sus avances ante un auditorio repleto uno de los asistentes le marca un error que arroja por la borda sus años de trabajo. O quizás no y todo lo que ha hecho pueda servir, pero para ella no alcanza y, sonrojada y aturdida ante la humillación pública, huye despavorida de la sala, causando el descontento de su tutor, quien poco después no solo le dice que no continuará guiándola en su investigación, sino también que a partir de ahora trabajará junto al chico que le señaló el error.

Y allí comienza la nueva vida de Marguerite y, con ella, la segunda parte de una película que hasta entonces se había dedicado a mostrar las acciones e indagar en los pliegues de su protagonista con la misma distancia y frialdad que ella aplica para su vida diaria. Esta nueva vida, sin matemáticas, ni estudios, ni vida universitaria, la encontrará conviviendo con una chica opuesta a ella e intentando abrazar algo parecido a la “normalidad” aun cuando lo suyo no sea eso. Pero la obsesión por los números volverá para no irse más. O, al menos, para no irse hasta que pueda resolver la Conjetura.

Si la primera hora de La vida de Marguerite se dedica a observar cómo es y de qué manera se relaciona la joven con su entorno y la disciplina, la segunda avanza por un terreno un tanto más convencional y “oscarizable”. El misterio alrededor de Marguerite mutará por largas secuencias en la que ella y su flamante aliado –y un poco más, como se verá– llenan pizarrones con fórmulas mientras la música de fondo puntea las emociones, lo que recuerda a otros films sobre matemáticos/físicos obsesionados (desde Una mente brillante hasta El código enigma), al tiempo que su carácter lacónico será borrado de un plumazo. Son, pues, dos películas en una.


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